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Puerto Rico ama a sus hijes LGBTQ+

En estos tiempos de incertidumbre, hay que recordar que los intentos de algunos por llevarnos hacia atrás, desarticulando los derechos alcanzados por las personas LGBTQ+, no van a tener éxito.

Me tildarán de loco: ya aprobaron la ley que permite discriminar bajo la excusa de la libertad religiosa; la ley que criminaliza a profesionales de la salud por ofrecer terapias a personas trans menores de 21 años; eliminaron la cobertura del plan de salud del gobierno para los tratamientos hormonales de las personas trans; y la Legislatura está considerando otras medidas discriminatorias.

La realidad es que aprobarán, temporalmente, sus medidas y órdenes discriminatorias; pero iremos a los tribunales y a las urnas para cambiar esa situación momentánea. Eventualmente volveremos a progresar, a reconocer derechos, a evolucionar.
De hecho, mientras eso ocurre, tuvimos una victoria reciente: el tribunal federal en Puerto Rico reconoció el derecho de las personas no binarias a modificar su certificado de nacimiento. Aunque el gobierno apeló la decisión, sigue siendo un triunfo que aún se está defendiendo en los tribunales.

Esto demuestra que la historia no es lineal: tiene sus altas y bajas, sus adelantos y sus retrocesos.
Lo que no cambiará es el respeto que hemos ganado, el amor y la aceptación hacia las personas LGBTQ+ por parte de nuestro pueblo. Nuestra gente reconoció, hace tiempo ya, que las personas LGBTQ+ somos sus vecines, sus amigues, sus familiares. Nos aman, nos respetan, nos valoran. Eso no lo podrá cambiar ningún gobierno de paso.Por eso, dentro de toda la confusión que puedan crear estos movimientos para echarnos hacia atrás, en la comunidad LGBTQ+ nos hemos sentido respaldades por nuestro pueblo. Cuando una sociedad decide reconocer la humanidad de sus semejantes como iguales, no hay proyecto de ley que dé al traste con eso.

En estos tiempos difíciles hay voces, gente y espacios, como este, que reafirman, una vez más, los valores del respeto, la solidaridad y el amor hacia el otro ser humano.
Esa es nuestra mejor y mayor identidad: ponernos en los zapatos del otro, acogerles como familia, celebrarles, respetarles y amarles sobre todas las cosas. El pueblo puertorriqueño es solidario, amoroso y respetuoso de sus semejantes. No va a permitir que se violenten los derechos ni, mucho menos, la dignidad de la gente LGBTQ+. Que lo sepan los gobiernos de turno empeñados en llevarnos al oscurantismo: no hay marcha atrás.

Este pueblo jamás dejará de amar a sus hijos, hijas e hijes que son LGBTQ+. Ese umbral ya se cruzó y el amor venció.
 
 
 

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